"El hombre de la piel de oso"
El cuento es un método maravilloso y efectivo con el que los niños disfrutan a raudales, aprenden y desarrollan su imaginación. Además de pasar un rato entretenido,el hecho de escuchar una historia ficticia, imaginativa, les supone también una experiencia muy gratificante, ya que al tener la oportunidad de enfrentarse a una realidad sin estar presentes dentro de la historia puede ayudarles a superar sus terrores nocturnos y a ahuyentar sus pesadillas, sólo por el mero hecho de mostrarles que los héroes de las historias lo hacen.A partir de la escucha de los cuentos, los niños estimulan su desarrollo intelectual, amplían su vocabulario y los cuentos contribuyen al desarrollo de la imaginación y a favorecer su memoria. Por lo tanto, no se me ocurre mejor forma de pasar un buen rato, tanto niños como adultos, ya que para los adultos también es un momento muy gratificante.
Es necesario apuntar, sin embargo, que no todos los cuentos son apropiados para todas las edades. Dependiendo del momento cognitivo en el que se encuentren, unos serán más apropiados que otros:
- Durante el primer año se pueden mostrar al niño libros con ilustraciones y algunas palabras. Gracias a estas ilustraciones, el niño empieza a pronunciar algunas palabras sencillas, aunque sin comprender su significado, y las acabará asociando a los dibujos.
- A los 2-3 años, les gustan los cuentos breves y sencillos sobre la vida cotidiana, ya que aún no son capaces de seguir el hilo de una historia. Es importante dejar la lectura cuando su atención disminuye.
- A los 4 años ya es posible explicarles una breve historia. Empiezan a apreciar historias de hadas y gnomos y las ilustraciones pueden representar meros puntos de partida para otras historias de fantasía.
- A los 5-6 años la imaginación está más desarrollada y los niños aprecian los cuentos de reyes, reinas y otros personajes fantásticos.
En mi futuro como maestra voy a tener que adaptar un montón de cuentos para que los peques tengan la oportunidad de conocer todo tipo de cuentos. No sólo está bien que conozcan las adaptaciones de autores conocidos como Perrault o los conocidos hermanos Grimm, sino que además de estos cuentos ya adaptados, estaría bien que toda maestra fuese capaz de adaptar historias diferentes, menos conocidas, para abrirles el campo de la imaginación y del conocimiento a los más pequeños.
Mi adaptación del cuento "El hombre de la piel de oso" ha tomado una perspectiva diferente y ha pasado a llamarse "La historia de Bruno el aventurero". He pensado en que esta adaptación irá dirigida a niños de edades comprendidas entre 4 y 5 años, por los motivos que he explicado anteriormente.
He cambiado los personajes y les he puesto nombres, para que a los niños se les haga más sencilla la caracterización y diferenciación de los mismos. Además, los personajes principales (Bruno y Carlota) son niños, algo que creo les adentrará más en la historia ya que se sentirán más identificados con sus sentimientos, y en vez de una historia de amor como final, he jugado con el sentimiento de un niño por desear tener un compañero de juego, un hermanito o hermanita.
Ahí va, ¡espero que os guste!
"La historia de Bruno el aventurero"
Hace muchos muchos años, existía un lugar con un montón de pueblos diferentes: el pueblo de los Hombres, el de los Ogros, el de los Guerreros, el de los Reyes... En el pueblo de los hombres vivía un niño muy guapo y aventurero llamado Bruno, que siempre estaba buscando aventuras con su espada. Bruno vivía con su padre Pancho y estaban los dos solos... él siempre había querido tener una hermanita, pero no había sido posible.
Un día, cuando volvió a casa después de un una de sus aventuras imaginarias, se dio cuenta de que... ¡su padre había desaparecido!.
Bruno, triste y enfadado, cogió una foto de su padre y, con su espada a cuestas, corrió en busca de su padre Pancho. Corrió tanto que hasta cruzó la frontera de su pueblo y llegó al pueblo de los ogros. Agotado, se sentó a descansar en una pequeña roca que encontró, y se puso a llorar por la pérdida de su padre. Entre sollozos, escuchó acercarse a alguien y al levantar la vista... ¡era un ogro! ¡un ogro gigante y verde! Bruno tenía ahora los ojos como platos, ¡nunca había visto un ogro de verdad!, y mientras sacaba su espada, gritó:
- ¡En guardia, ogro!
Y el ogro, entre risas, le dijo:
Bruno se fijó en que el ogro tenía algo extraño... ¡le faltaban todas las uñas! Y entonces se relajó un poco al ver que sin uñas, el ogro no daba tanto miedo. Así que guardó su espada y escuchó atentamente.
- ¿Y qué consigo yo a cambio, ogro? -dijo Bruno con cara extrañada.
- ¿Tú? Si dentro de 300 días me das todas las uñas, entonces tu padre volverá a casa. Si por el contrario, no lo consigues, te llevaremos preso a ti también, ¡je, je, je!
A Bruno le gustó la idea, ¡qué aventuras tan maravillosas le esperaban! Con ogros, osos, recorriendo pueblos con su espada... ¡y encima recuperaría a su padre! Sin pensárselo dos veces, Bruno aceptó el trato, y el ogro se marchó entre risas malvadas...
Al día siguiente, Bruno empezó su aventura. Escaló montañas, recorrió pueblos, se adentró en cuevas, atravesó bosques... y cuando llegó al pueblo de los Reyes, se puso a buscar la cueva del oso. Mientras paseaba por las calles del pueblo, todos los reyes con los que se cruzaba le miraban mal y le decían cosas feas como:
- ¡Salvaje!
Y claro, es que Bruno no había caído en la cuenta de que parecía un niño salvaje con aquellas pieles, la piel sucia y con los dientes colgados al cuello... y claro, nadie quería acercarse a un niño así.
Y a los 200 días de aventuras y con 200 uñas colgadas en su cuello, Bruno empezó a pensar que no había sido tan buena idea... echaba de menos a su padre, y echaba de menos el pueblo de los Hombres. Estaba cansado de ver caras desconocidas y que le daban mucho miedo... además, no le gustaba que le gritaran cosas feas sólo por su aspecto. Él era un buen chico y le gustaba ayudar a los demás.
Sin embargo, Bruno continuó su aventura, que esta vez ¡era real!. Y cuando estaba a punto de cortarle la uña al siguiente oso, en el pueblo de los Guerreros... “¡Plof!”. “¿Qué ha sido ese ruido?”, pensó Bruno. Se giró y vio a una niña rubia casi en las mismas condiciones que él: con la cara sucia y la ropa rota, con una espada en la mano. A Bruno le sorprendió tanto que corrió tras ella, olvidándose de la uña del oso, y la siguió hasta una casita de madera en mitad del bosque. La niña cuando le vio, sacó su espada y gritó:
Y Bruno dijo:
Y la niña, que no le importaba el aspecto de Bruno, con una sonrisa y guardando su espada, dijo:
Entonces, Bruno le contó su historia y los niños se pasaron horas y horas hablando. Ella le contó que vivía sola porque sus papás se habían ido y a Bruno le dio mucha pena porque se sintió identificado con ella. Entre tanta historia, los niños se quedaron dormidos... Y al día siguiente, Bruno le dijo que tenía que marcharse pero que esperara en esa misma cabaña sólo 100 días más, y que volvería a por ella con su padre. Para asegurar su promesa, Bruno le dio a la pequeña la foto de su padre Pancho, y ella prometió que les esperaría.
Pasados los 300 días de aventura, Bruno volvió al pueblo de los Ogros con todas las uñas en su cuello, orgulloso de lo que había logrado. Cuando el ogro apareció, se llevó una gran alegría al ver todas aquellas uñas en el cuello del chiquillo, pero por otra parte gruñó:
- Bueno, ogro, devuélveme a mi padre Pancho y mi aspecto de antes, y ¡déjanos en paz!
El ogro, hizo rasgar sus uñas nuevas contra una roca y... “¡Plof!”, volvieron todas sus ropas limpias y su cara lavada. De repente, el cielo se iluminó con un montón de chispas y el ogro desapareció. Entre las chispas, su padre Pancho apareció delante de sus ojos ¡como por arte de magia! Los dos se abrazaron entre lágrimas y mientras caminaban, Bruno le contó todas sus aventuras y le habló de Carlota. Su padre Pancho se puso muy contento al oír todo aquello y decidieron volver a por Carlota.
Cuando llegaron a la cabañita del bosque, Carlota se defendió sacando su espada de nuevo:
Pero entonces, Carlota reconoció al señor de la foto, ¡era el padre de Bruno!, y bajó la mirada rápidamente hacia aquel niño limpio que se encontraba delante suyo y también le reconoció. Corrió hacia ellos y les abrazó, agradecida.
Los tres caminaron hacia el pueblo de los Hombres con muchas ganas. Todos estaban felices: papá Pancho había sido rescatado, Carlota ya no vivía sola y... ¡Bruno tenía por fin una hermanita!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, y ¡espero que os haya gustado!
Webgrafía...
Webgrafía...
- http://www.mibebeyyo.com/ninos/crecimiento/2-3-anos/cuentos-edades-ninos-3872
- http://arescronida.wordpress.com/catalogo-de-temas/los-cuentos-para-ninos/
- http://psicopedagogias.blogspot.com.es/2011/11/cuentos-de-hadas-y-desarrollo-infantil.html

Hola leti!
ResponderEliminarMe gusta tu cuento y la vuelta que le has dado. Sin embargo, en la introducción, has dicho como los personajes protagonistas son niños para que estos se identifiquen con los sentimientos. En los cuentos folclóricos no es necesario que los niños se identifiquen ya que este no es su fin, si no que es entretenerse ya que los personajes no tienen psicología.
Un saludo
Hola Patri!
EliminarLo primero, muchas gracias! Y lo segundo, tienes razón con lo que dices sobre los personajes, ya que como bien dices, no es necesario que los niños se identifiquen con ellos, pero desde la perspectiva que le he dado al cuento, he visto más apropiado utilizar niños como personajes principales. Y cuando digo que se identifiquen, me refiero a que siempre será más fácil que el niño que lea este cuento sepa qué es lo que está sintiendo el personaje cuando desea tener un hermanito o cuando se muere de ganas por tener aventuras. Les acerca más a ellos, por así decirlo, o eso creo yo.
De todas formas, si no se entiende mi intención, lo especificaré cuando Irune lo lea. Gracias por el comentario!
Un besito!
Una estupenda anotación, Patricia. Cuando he leído la introducción he pensado lo mismo... temía que la adaptación, al intentar acercarse a la psicología infantil. perdiera la magia de lo legendario.
EliminarLeticia, como te comenta Patricia, es cierto que los libros escritos para niños deben responder a la psicología infantil y buscar la identificación. También es cierto que las adaptaciones de los textos folclóricos no deben insistir en esta identificación ya que tienen otro carácter y otros objetivos. Aún así (e insistiendo en que no trates de infantilizar todos los cuentos que adaptes ya que reducir la edad de los protagonistas anula el viaje iniciático de maduración para la vida adulta) esta adaptación te que quedado muy bien y no da la impresión penosa que suelen dar las espantosas adaptaciones infantilizadoras que rondan por la red y por algunas editoriales. Te ha quedado perfecta. Enhorabuena.
ResponderEliminar